A través de la vida vamos dejando gente herida, ofendida, lastimada y también vamos recibiendo lo mismo. Gente a la que no vamos a ver nunca más pero el daño fue hecho en nuestras vidas. La pregunta es: ¿las invitarías a comer? ¿las sentarías a tu mesa? Jesús sabía que lo iban a traicionar porque los conocía (Juan 2:24-25), sabia quien lo entregaría (Juan 6:64) y que uno en espacial no iba a cambiar (Juan 6:70). Así y todo Jesús cenaba con ellos (v.2). Con todo ese conocimiento y sabiendo que pronto iba a ser hora de partir, se dispuso a servirles y a perdonarles los pecados. ¿Cómo iba a hacer esto?, lavándoles los pies a los discípulos. Esa tarea era de los esclavos y sirvientes hacia los invitados de la casa, pero Jesús se iba a rebajar para transmitirles y transmitirnos un mensaje de humildad hacia quienes nos ofenden. Imagínate a Pedro cuando ve a Jesús llegando hacia él diciendo: Señor ¿estás seguro lo que haces? (v.6), ¿no se supone que esto lo tenemos que hacer de otra manera? Tú no me harás esto a mi jamás (v.8). A veces lo que planeamos no es lo que Dios planea hacer con nosotros y por eso muchas veces nuestros planes fracasan debido a que no consultamos a Dios. Solo arrancamos un proyecto, una idea, y le decimos casi exigiéndole a Dios que bendiga eso que queremos hacer sin importarnos a nosotros si esa es la voluntad de Dios. Que hermosas enseñanzas tenemos en este pasaje: perdonar y servir. Y a la vez tan difíciles de seguir, de hacer, de cumplir. Pero debemos recordar que “todo lo podemos en Cristo, que nos fortalece” (Filipenses 4:13). Busca a esa persona a la que tienes que perdonar, invítala a comer, pídele perdón, sírvela y vuelve a reconciliarte y reconciliarla con el Señor. Quizás no lo comprendas ahora; mas lo entenderás después (v. 7).
Dios te bendiga. Pastor Marcelo Bustos
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